MUJERES CONDENADAS
Como bestias inmóviles tumbadas en la arena,Vuelven sus ojos hacia el marino horizonte,Y sus pies que se buscan y sus manos unidas,Tienen desmayos dulces y temblores amargos.Las unas, corazones que aman las confidenciasEn el fondo del bosque donde el arroyo canta,Deletrean el amor de su pubertad tímidaY marcan en el tronco a los árboles tiernos;Las otras, como hermanas, andan graves y lentas,A través de las peñas llenas de apariciones,Donde vio san Antonio surgir como la lavaAquellas tentaciones con los senos desnudos;Y las hay, que a la luz de goteantes resinas,En el hueco ya mudo de los antros paganos,Te llaman en auxilio de su aulladora fiebre.¡Oh Baco, que adormeces todas las inquietudes!Y otras, cuyas gargantas lucen escapularios,Que, un látigo ocultando bajo sus largas ropas,Mezclan en las umbrías y solitarias noches,La espuma del placer al llanto del suplicio.Oh vírgenes, oh monstruos, oh demonios, oh mártires,De toda realidad desdeñosos espíritus,Ansiosas de infinito, devotas, satiresas,Ya crispadas de gritos, ya deshechas en llanto.
Vosotras, a quien mi alma persiguió en tal infierno,¡Hermanas mías!, os amo y os tengo compasión,Por vuestras penas sordas, vuestra insaciable sedy las urnas de amor que vuestro pecho encierra.
LA METAMORFOSIS DEL VAMPIRO
La mujer, entre tanto, de su boca de fresaRetorciéndose como una sierpe entre brasasY amasando sus senos sobre el duro corsé,Decía estas palabras impregnadas de almizcle:«Son húmedos mis labios y la ciencia conozcoDe perder en el fondo de un lecho la conciencia,Seco todas las lágrimas en mis senos triunfales.Y hago reír a los viejos con infantiles risas.Para quien me contempla desvelada y desnudaReemplazo al sol, la luna, al cielo y las estrellas.Yo soy, mi caro sabio, tan docta en los deleites,Cuando sofoco a un hombre en mis brazos temidosO cuando a los mordiscos abandono mi busto,Tímida y libertina y frágil y robusta,Que en esos cobertores que de emoción se rinden,Impotentes los ángeles se perdieran por mí.»Cuando hubo succionado de mis huesos la médulay muy lánguidamente me volvía hacia ellaA fin de devolverle un beso, sólo viRebosante de pus, un odre pegajoso.Yo cerré los dos ojos con helado terrory cuando quise abrirlos a aquella claridad,A mi lado, en lugar del fuerte maniquíQue parecía haber hecho provisión de mi sangre,En confusión chocaban pedazos de esqueletoDe los cuales se alzaban chirridos de veletaO de cartel, al cabo de un vástago de hierro,Que balancea el viento en las noches de invierno.
EL AMOR Y EL CRÁNEO
Viñeta antiguaSe sienta el Amor en el cráneo De la Humanidad,Y sobre tal solio el profano, Con risa procaz,Sopla alegremente redondas burbujas, Que en el aire suben,Como para juntarse a los mundos Al fondo del Éter.El globo luminoso y frágil En un amplio vuelo,Revienta y escupe su alma pequeña Como un áureo sueño.Y oigo al cráneo, a cada burbuja, Rogar y gemir:-«Este fuego feroz y ridículo, ¿Cuándo acabará?Pues lo que tu boca cruel Esparce en el aire,Monstruo asesino, es mi cerebro, ¡Mi sangre y mi carne!»

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